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miércoles, 14 de marzo de 2012

Mi gran boda gay

PUBLICADO EL 13 DE MARZO DE 2012 EN LA VERDAD


En abril tengo boda, una boda como Dios manda, con su banquetazo, su fiesta y su desparrame. Qué gusto. Porque ahora que a algunos le ha dado por convertir su boda en algo más triste que el velatorio de Chanquete (“Es un puro trámite, no hay nada que celebrar; nos vamos al juzgado, firmamos y volvemos al trabajo”), que te inviten a un bodorrio es una alegría. Y a tal efecto y envuelta en la campaña del micromecenazgo, le he encargado el vestido a una diseñadora murciana, aunque con lo que me ha costado el modelo más que micro soy macro; tanto que en cuanto lo pague voy a tatuarme un “Yo soy mecenas de la cultura” en el brazo, aviso. Pero es mi primera gran boda gay y no reparo en gastos.

Y en medio de este despiporre prenupcial llega Kirk Cameron, el chaval de “Los problemas crecen”, y afirma la semana pasada en la CNN que “la homosexualidad es antinatural, perjudicial y destruye principios de la civilización”. Así, del tirón. Personalmente me importan tres pimientos los pronunciamientos de Cameron sobre este tema, de hecho me importan tres pimientos los pronunciamientos de Cameron sobre cualquier tema (estoy convencida de que sólo dice estas cosas para que los de Muchachada Nui le dediquen un “Celebrities”), pero toca las narices que siempre estén a vueltas con lo mismo. Aquí el Tribunal Constitucional aún no se ha pronunciado sobre el recurso presentado contra los matrimonios gays, y entre tarjetas de boda, menús y preparativos varios, mis amigos se preguntan qué pasará si el Constitucional se declara a favor de dicho recurso. Y aunque yo soy más de la opinión de Fran Lebowitz, que ironiza sobre el matrimonio afirmando que si lo bueno de ser gay era no casarse cómo es posible que quieran entrar en una de las instituciones más limitantes que existen, sinceramente no entiendo estas ganas de impedir que todos tengamos el mismo derecho a elegir si queremos jorobarnos la vida casándonos. Así que si llega el caso y el Constitucional la lía, me coloco todo mi mecenazgo encima, me siento en la puerta del Tribunal, cojo un megáfono y me pongo a cantar el repertorio íntegro de Judy Garland y Barbra Streisand, desde “Somewhere over the rainbow” hasta “Memory”, que tengo poquita voz pero desagradable. Que a mí no me fastidian mi gran boda gay.