PUBLICADO EL 18 DE SEPTIEMBRE DE 2012 EN LA VERDAD
1972 fue un año de lo más variado en cuanto a nacimientos se refiere: Chicho alumbró al Un, dos, tres, Atari al primer video juego de la historia, Coppola dio a luz a El Padrino y Paloma Rocasolano a Letizia. Curioso, porque tiempo después a Letizia le hicieron una oferta que no pudo rechazar: convertirse en princesa.
1972 fue un año de lo más variado en cuanto a nacimientos se refiere: Chicho alumbró al Un, dos, tres, Atari al primer video juego de la historia, Coppola dio a luz a El Padrino y Paloma Rocasolano a Letizia. Curioso, porque tiempo después a Letizia le hicieron una oferta que no pudo rechazar: convertirse en princesa.
A mí me hicieron otra oferta que sí pude
rechazar, pero no lo hice. Y nos casamos al son del vals de Nino Rota,
brindamos diciendo “Cent’anni” y nos fuimos de viaje de novios a Sicilia. Y mi santo
también me trata como una princesa. Mejor, incluso: puedo interrumpirle en
público sin que a Peñafiel le de una apoplejía y criticar a mis cuñadas
(presuntamente) sin que ocurra una catástrofe nacional. Tampoco tengo que
sufrir porque me hagan fotos en bikini, que a ver quién va a querer testimonio
gráfico de mi celulitis adiposa. Y los 40, esa edad meridiana, los celebré con
una fiesta de cogorza y descogurcie; así salieron las fotos, tan movidas que
parecían hechas por Chiquito de la Calzada, no como las de Cristina García Rodero,
tan monas, tan finas que no sé si están anunciando una nueva telenovela o un
catálogo de muebles de jardín. Paradójicamente García Rodero, autora de las
fantásticas fotografías de “La España oculta”, no nos ha revelado nada nuevo en
este último trabajo. No sería esa su labor, claro, pero no distingo esas imágenes
de cualquier reportaje del ¡HOLA!: sólo falta Julio Iglesias apoyado en una
palmera con el bufandín rojo en la cintura para completar el cuadro.
Me hubiera gustado ver a la princesa
desmelenándose en el concierto de The Killers (sí, estuvo allí), bebiendo
cerveza a morro y pegado botes, pero siempre nos la sacan como si estuviera en
una actuación de Pablo Alborán. Letizia se ha ido limando tanto por dentro y
por fuera que ha conseguido un perfil de Blancanieves esculpido por un cirujano
plástico, la versión moderna y no criogenizada de Walt Disney, y no se ha dado
cuenta de que los claroscuros siempre son más atractivos, la madrastra es más
interesante que Blancanieves, El Padrino mejor que Princesa por sorpresa. Por
eso prefiero los consejos de Don Vito a los de Julie Andrews, porque El
Padrino sí que es un manual de autoayuda, ya saben: mantengan cerca a sus
amigos, pero aún más cerca a sus enemigos. Bacio la mano.