PUBLICADO EN LA VERDAD EL MARTES 4 DE MARZO DE 2014
Corrillo en
la puerta del colegio: “Nena, ¿has visto a la Carrá en la tele? ¡Cómo está la
tía!” Pues sí, la he visto. Y sí, cómo está la tía: como un cañone de Navarone.
Con 70 años. Ya ven, yo a esa edad voy a tener que bailar el “Tuca Tuca” con
andador, y ella pegándose unos movimientos de melena capaces de provocar un
tsunami. Por eso, por su tipazo, por su simpatía, por su energía atómica,
porque la bautizaron con Red Bull, porque
en su nombre lleva tres consonantes por partida doble, las mujeres
amamos a Raffaella Carrá más que los hombres. Que los hombres heterosexuales,
digo, aunque sacara a Lucas del armario. Porque Raffaella no es la gataperra
que viene dispuesta a levantarte al maromo, sino la amiga que te alegra la noche
y que convierte en fantástica, fantástica, esta fiesta.
La Carrá era una chica morena que empezó a echarse mechas,
pero en vez de acabar rubia como una señora del PP, acabó rubia como una
estrella del pop. Y hasta ahora. Ya lo dice Rosa Belmonte, que a Carrá le pasa
lo mismo que a Ana Blanco: el secreto es el peinado, el día que se
lo cambie envejecerá. Lo cierto es que la Carrá está igual que cuando
actuó en el Polideportivo de Islas Menores, nuestro Florida Park local: Julio
Iglesias, Raphael, Rocío Jurado y hasta Miguel Ríos cantuvieron por allí.
Yo oí el “Rumore, rumore” desde el balcón de mi casa; en secreto, claro, porque
a ver quién era la guapa que confesaba que le gustaba la Carrá, que por aquel
entonces la Carrá no era guay del Paraguay sino ful de Estambul. En cambio, ahora
la reivindican hasta los barbudos. Lo cierto es que la tía cobró más que nadie:
si mil pesetas pagaba una pareja con derecho a una consumición, con ella se subió el precio a 2.000. Y
encima cantó en playback. Lo que yo les diga, una estrella.
Raffaella sigue incombustible e incuestionable. Y se
ha llevado hasta un cachico de Oscar: “A far l'amore comincia tu” abre el
sarao interminable de “La gran belleza”, premiada como Mejor Película en Lengua
No Inglesa, una película que es como la mismísima Raffaella: excesiva,
exuberante, bella, desmedida. Raffaella es la fiesta eterna. Y yo voy a bailar hasta
que se me descoyunte el cuello, aunque acabe con collarín.
3 comentarios:
Lo de Raffaella es digno de estudio. Ha hecho más por los homosexuales en Italia (y no sólo en ese católico país) que muchos activistas. Ha animado discotecas y nos ha regalado momentazos televisivos en un idioma que sin ser el suyo lo ha hecho suyo.
Es la mujer estrella pop sabia.
¡Qué gran ejemplo!
Raffaella está estupenda pero al verla el otro día me resultó bastante "chanante".
Raffaella es más grande que el Vaticano, la pizza y los cincuecento juntos. Y sí, es un ejemplo de cómo convertir la frivolité en un arte y de cómo envejecer dignamente. A ver si a nosotros nos pasara lo mismo ;)
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